14 AÑOS DE SKM: EL VALOR DE SEGUIR ESTANDO
13.04.26En abril, SKM sabe a familia de otra época y de otro corte moral. Aquí el aniversario no se celebra con discursos, sino en el sitio de siempre y haciendo lo de siempre.
La clase especial no fue una reunión de antiguos alumnos para vivir de la nostalgia; fue el reencuentro de quienes saben que, por mucho que pase el tiempo, su sitio en el tatami sigue reservado. En el tatami, la nueva y la vieja guardia se fundieron en un solo bloque. Se juntaron los que sostienen el club cada semana con aquellos a los que la vida —entre el trabajo, los niños o los kilómetros— les pone el camino más difícil de lo que nos gustaría. Esos compañeros que siempre tuvieron el «ya volveré» como una promesa pendiente y que, por fin, han encontrado el momento de cumplirla.
Se les avisó y aparecieron diecisiete. Un número que ya tiene su mérito, viendo lo que cuesta hoy en día cuadrar la agenda entre las responsabilidades y esas rodillas que ya no negocian como antes.
Pero lo mejor no fue verlos llegar, sino comprobar que no vinieron de visita. No vinieron a pasear el equipo ni a cumplir el expediente para la foto. Entraron y se pusieron a trabajar como si no hubiera pasado un solo día. Sin presentaciones, sin protocolos de adaptación y sin que nadie tuviera que recordarles nada. La vieja guardia se movió con la naturalidad del que regresa a un sitio del que, en realidad, nunca se fue del todo.
La sesión fue pura esencia SKM: presión, contacto y esas decisiones incómodas que hay que tomar cuando el aire empieza a faltar. De esas clases en las que uno se encuentra rápido porque no hay tiempo para mentirse. Porque ahí es donde se ve nuestra fuerza: en la energía de la nueva guardia que empuja con hambre, mezclada con la templanza, el tesón y ese «oficio» de la vieja guardia, que no necesita calentar para entender de qué va esta película.
La foto de grupo lo deja claro: no están todos los que son, pero los que están, están de verdad.
Catorce años después, SKM sigue funcionando por cada uno de vosotros. Por los que aguantan el tirón semanal y por los que, aunque la vida los mantenga lejos un tiempo, nunca dejan de ser parte de nuestra guardia.
Gracias por volver siempre. Gracias por no hacer preguntas y por responder, como siempre, en el tatami.